Personajes de la calle

agosto 13, 2009 at 5:24 pm (crónicas) (, , )

Facundo Verna

Sí, existen. Afirmación en presente que se remonta a un pasado que aún busca la liberación de su propiavive en la calle historia. Llamativa contemplación humanitaria. Sobreviven y no tienen acceso a las mejores escuelas ni hospitales. Lo público descuidado e ineficiente y lo privado regocija sólo a una parte de la población. Bienaventurado privilegio. Educación y cultura, pilares empobrecidos en un libro de colección, en un país de políticas democráticas y de salud en permanente reposo. Derechos Humanos violados. Identidad que gatea y discursos que se debilitan en su incredibilidad.

Algunos son simpáticos y otros no tanto. Los hay bajos y altos. Gordos y flacos. Buenos y malos. Profesionales e incultos. Niños y adultos. Hombres y mujeres.

El protagonista de esta historia es el señor Vagabundo. No se saben muchos datos de su vida pasada, ni si estuvo casado en primeras o segundas nupcias, si trabajó en relación de dependencia o no, si es de acá o de allá, si alguien espera su llegada al amanecer o si tiene algún resto de esperanza hecha poesía.

Tiene más de cincuenta años. Es un tipo como cualquiera con una realidad no del todo deseada, bajo, barbudo, morocho, pelo en abundancia y cara gorda mezclada con suciedad. Viste con pantalón de gimnasia azul (aunque no es deportista), zapatos negros, camisa, un pañuelo que usa como vincha y para rematar, un poncho rojo con rayas negras hasta los pies.

Sabe cantar, bailar, recitar, hablar sólo o con alguna persona imaginaria, según la ocasión y le encanta dormir la siesta, tirado panza arriba luego de comer una picadita de lo que consigue, tapándose la cara con un diario de ediciones pasadas.

Actualmente, vive frente al Congreso de la Nación. Su departamento queda en el tercer banco, del lado izquierdo de la calle, donde los pisos naranjas y polvorientos y las paredes de cartón y diario combinan con el color de un país azotado por malas políticas y desesperación. Hace tiempo, quiso mudarse a una plaza mejor, pero no pudo alquilar ningún banco de tres ambientes porque no tenía una garantía, ni recibo de sueldo.

En la esquina hay una óptica y la señora que atiende es rubia, al lado hay una farmacia, una panadería, frente a ésta, un puesto de diario pintado de verde, seguido por una casa de fotos, una florería y un locutorio con Internet. Algún que otro perro sin dueño, pasea por la vereda, palomas que picotean migas de pan, gente que viene y va, algunos hablando por celular, otros cantando o chiflando. Todos apurados. Y allí, solitario, con una mirada perdida en el espacio de la agonía, se encuentra el señor Vagabundo.

Son las 14 y 30 de un día como cualquier otro. Hace más calor que ayer y menos que la semana pasada. El señor Vagabundo está tirado, despatarrado en su mayor amplitud, algo ebrio y con una caja de vino tinto marca “Indignación”. La gente pasa a su lado evitándolo. La fragancia de su perfume importado no es agradable. El traje está sucio.

Se despierta. Es tarde. Rengueando y haciendo uso de todas sus habilidades y movimientos giratorios pide “una monedita por favor”. Es un hombre sencillo, que no molesta a nadie. En su personaje se permite ser él o lo que la situación lo llevó a ser. Parece no quejarse.

El señor Vagabundo, se aleja charlando consigo mismo.  Por ahí choca contra la pared y sigue. Se da vuelta. Ríe de su propio y desafortunado eco. Detiene a alguien y lo entretiene con su conversación. Sólo le falta saltar como Chaplín.

Hay quienes le dan una que otra moneda y otros se quedan asombrados al verlo desplegar su caudal actoral por demás expresivo. Su improvisación frente al hambre. Es difícil no prestarle atención, no verlo, porque ahí está al paso de todos sin pasar desapercibido.

Esta es la historia del señor Vagabundo, que mucho no se sabe de su vida pasada, ni a lo que se dedicó. Un tipo particular que guarda una gran historia secreta bajo su poncho rojo con rayas negras.

Esta es la historia de uno de los tantos personajes de la calle, que proclaman ayuda escrita en cuerpos sucios por el hollín y la tierra, tapados con frazadas de promesas incumplidas. Personajes de la calle que pululan en un mundo, que a pesar de la ingenuidad, de la inseguridad, de la paranoia generalizada, de la pobreza y exclusión social, de la riqueza repartida inequitativamente, de la pérdida de dignidad y de todos aquellos factores que hacen que las personas se asfixien en su propio silencio y resignación, generan comicidad al abandono forzado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: