Día de lluvia

agosto 13, 2009 at 5:31 pm (nota color) ()

Facundo Verna

lluvia en bs as

La televisión anuncia lluvia para el resto del día, a la vez que muestra manifestaciones en la zona de Congreso. Sin otra alternativa, hay que salir a luchar contra el viento y la lluvia para realizar las diferentes actividades como ir al trabajo, a la facultad o al banco a pagar las cuentas a punto de vencerse. En la calle, las personas caminan en fila india contra la pared para no mojarse. A un metro de distancia. Otros, corren o están en medio de una guerra de paraguas, donde cualquiera puede resultar ser víctima o victimario.

Existen paraguas de todos los estilos, colores y marcas, algunos son realmente graciosos o tan grandes que se transforman en sombrillas. Cuando la tormenta se aleja y el sol amenaza con salir, se ven los restos de paraguas tirados en medio de la vereda, resignados al abandono y a la soledad como cuerpos en putrefacción en medio de un desierto.

Las señoras mayores escondidas en las sombrillas a lunares, chocan a cualquiera que no las esquive. Cubrirse los ojos es la mejor opción. Son esas mismas señoras que hacen fuerza para no despeinarse o para que el viento no les vuele sus polleras que danzan al estilo Marilyn Monroe, mostrando sus piernas sensuales y las medias cancan tres cuartos. Asimismo, siguen luchando y haciendo los mandados de todas las mañanas.

Hay cuadras en las cuales las baldosas están flojas y eso es algo muy irritante, peor aun cuando el señor que va delante, detiene su caminata de golpe para meditar o prender un cigarrillo y se comete un choque múltiple entre caminantes.

Un día de lluvia torrencial en la ciudad, tiene ciertas características: estado de los transportes con demoras o directamente no funcionan (tomar el colectivo, significa empaparse en el intento de espera). Charcos o lagunas en las veredas, chorros de agua que caen de los edificios (peor que la misma lluvia), inundaciones en diferentes barrios, cortes de luz, estados de nerviosismo, bocinazos constantes y frenadas abruptas.

Una posible solución para no mojarse, podría ser por ejemplo, escuchar lo que depara para las próximas horas el servicio meteorológico y llamar con un día de anticipación al radio taxi, ya que cuando llueve, por lo general, las líneas están ocupadas. ¿Para qué juntar tantas tarjetas de taxi si después no sirven para nada? Y si por esas casualidades de la vida, ya que nunca se sabe, se ve a alguna que otra señora volar desesperadamente por los aires, no asustarse pensando que es una bruja recién salida de su escondite o algo por el estilo, sino ayudarla para que el viento no se la lleve junto con la tormenta.

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