Diseñar es actuar

julio 27, 2009 at 1:21 pm (entrevista) (, , , )

Por Magdalena Soria

Antes de entrar al local de Carlos Passano en Avenida Santa Fe, ya se podía ver a Emilia Mazer al lado de una pila de ropa. Dentro, el diseñador le mostraba distintos cinturones que hacían juego con un vestido verde. Al lado del mostrador estaba la escalera que Carlos bajó y subió dos veces para encontrar unos lentes de sol.

Un cliente entró y saludo, parecía conocerlo. Se fue directamente hacia donde estaban las camperas de lana y desde lejos, de reojo, siguió cada detalle de la conversación entre la actriz y el vestuarista.

Los lentes habían estado siempre  sobre el mostrador. Había tres pares. A Carlos le gustaban los primeros, iban más con el estilo del personaje. A ella le gustaban los últimos, iban mejor con su rostro.

Mientras tanto, el cliente anónimo no dejaba de probarse camperas y hacer comentarios acerca de su nuevo trabajo, del programa de TV de Tinelli, de su mamá y de un robo que había sufrido. Carlos hizo algunas acotaciones, siempre simpático y perfumó las bolsas antes de poner dentro las prendas que el chico se iba a llevar.

Finalmente, quedó libre para ser entrevistado, algo a lo que ya está acostumbrado de tanto participar en los detrás de escena de novelas peruanas.

¿Cómo te iniciaste en el diseño?

Por casualidad (risas). Tenía que ganar plata porque iba a la Universidad del Salvador y había que pagarla. Hacía cosas de diseño gráfico, mucho en cine publicitario y solía ir a los Estudios Baires. Era muy amigo de todos los del estudio. Cuando se empezó a filmar la película La noche de los lápices la asistente de escenografía se enfermó, por lo que me llamaron. Desde ese momento comencé a trabajar en cine, pero siempre en la parte de escenografía. Fue de casualidad en realidad, pero siempre estuve ligado al diseño porque, de hecho, estudiaba publicidad y tenía muchas materias dedicadas al mismo. Más tarde, en la versión argentina de la película Highlander, la misma jefa de escenografía se iba a encargar del arte de vestuario y me convenció de que siguiera trabajando con ella. Sin embargo, antes me hizo hacer un curso se vestuario en el Teatro Colón. Ahí es donde realmente aprendí todo lo que se hasta el día de hoy. Después, obviamente, el trabajo en si te forma y vas aprendiendo a manejar la estética y un criterio de personajes.

¿Además de cine, para qué trabajaste?

TV y teatro son para los que más trabajé y también para comerciales y eventos. Pero en realidad mi fuerte siempre fue el cine y la televisión que es lo que más me atrapa.

¿Hay alguna persona o personaje que te haya gustado vestir?

Si, tengo muy buenos recuerdos de algunos actores como Cristian Meyer, Angie Cepeda y Gustavo Bermúdez. Así como también cuando hago Midachi donde  siempre me divierto mucho. Por lo general con actores grandes y buenos es un placer trabajar.

¿Y cuál fue el proyecto que más te interesó?

Me encantó hacer Romeo y Julieta con Gustavo Bermúdez porque había que empezar todo desde cero. No era como trabajar con vestuario de época en el Colón que directamente lo descolgás de la percha, sino que había que hacer todo. Tenía sólo papel y lápiz para dibujar y había que buscar cada tela, cada borla, cada pluma para después comenzar a armar.

Las novelas de época que se hacían en Perú también fueron un buen desafío. Cada año se hacía una de 200 capítulos pero de una época distinta. Aparte, eran grandes cantidades de ropa porque teníamos como mínimo 45 personajes centrales y hasta 300 extras.

Otro trabajo alucinante fue el que hice en una obra  con Dady (Brieva) y el Chino (Volpato). Fue, también, uno más difíciles que tuve en mi vida. Era una especie de remixado del Cirque du Soleil con sketches. Se necesitaba una gran cantidad de ropa y mucha imaginación porque no eran prendas que se pudieran conseguir fácilmente. Había que armar todo desde cero y encima tener en cuenta detalles como pensar de que manera iban los arneses para el que volaba. Esa clase de trabajos son apasionantes como desafío. Vestir a una mamá con un nene para un comercial, no te despierta motivación, excepto por la plata. Es una señora a la que se le va a poner una remerita celeste, una pollerita azul, un zapato chato y la van a peinar lacia. La publicidad  limita mucho en ese sentido. Además, la mamá publicitaria no es una madre de hoy en día, no existe la que esté siempre impecablemente peinada y maquillada en su casa y que lo único que le preocupa es saber si el nene comió. No despiertan muchas ganas de hacerlo, lo hacés porque es un medio de vida, no porque es lindo el proyecto. En cambio, hacer algo fuera de lo común, para lo que realmente tenés que usar mucho la cabeza, es la clase de trabajo que me perece más lindo.

Te toca lidiar con el ego de los actores, ¿cómo lo hacés?

Es muy difícil (risas). El actor tiene los egos muy altos y hay que saber tratarlos muy bien. Eso lo enseña la experiencia. Hay actrices y actores que se entregan abiertamente y hay otros que te dan miles de vueltas para decirte que algo les gusta o no. Generalmente hay que mentirle, decirle que lo que tiene él o ella es más importante que lo del otro, que es de mejor marca, que tiene mejor terminación y en realidad no lo es.

¿Cómo es trabajar detrás de escena?

Me parece mucho más entretenido. Es muy divertido armar un personaje desde la nada. Es como si te dieran un bollo de cerámica en crudo y tenés que armar una  figura, es exactamente lo mismo. Vos vas construyendo y lo que salga, todos te albaran o no.

¿Cuál es la diferencia entre un diseñador de modas y uno de vestuario?

El de moda diseña porque le gusta, porque si. No tiene un motivo determinado. En cambio, el de vestuario responde a un libro que dice como es el personaje. Si es tímido, muy extrovertido, si le gusta llamar la atención, si es sexy, o por el contrario, se tapa. Todo ese tipo de cosas definen el personaje a la hora  de diseñarlo. Además, la ropa se realiza en función de lo que va a pasar. Si lo van a matar y va a haber sangre hay que usar un color en el que se vea y no un negro, por ejemplo. Si le arrancan la ropa, tiene que ser fácil de romper.

¿Cómo es el proceso creativo?

A partir del libro me imagino como es ese personaje que describen. Es un poco actuar, me pongo en el lugar de esa persona. Un punto muy importante es el de los colores. En función del carácter de cada personaje se van a seleccionar los colores. Porque la decodificación del público es mucho más clara cuando de le dan líneas y colores puros, lo entienden mejor. Se plantea, entonces, una gama de colores para cada tipo de personaje. Para los más agresivos se usan colores más pesados, más densos. Lo mismo sucede con las líneas de la ropa, tienen formas más complejas, porque su cabeza también es compleja. El actor le pone lo que va adentro de la persona, la voz, la mirada y los gestos y el vestuarista construye el resto. También hace una estructura del personaje, y para esto tengo que ser muy observador.

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